Desayuno, aperitivo, comida, postre, merienda, cena. Demasiadas oportunidades para disfrutar de ambientes típicos romanos como para dejarlos pasar. Es que la vida romana es algo más que joyas históricas e iglesias. La personalidad romana se expresa también en su forma de entender la cocina.
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La gastronomía italiana siempre ha presumido de contar con una de las mejores materias primas del mundo para conformar sus platos de primera calidad. Sin embargo, con solo darse una vuelta por Roma, uno puede comprobar que los ingredientes no lo hacen todo. La mano y saber hacer de los cocineros es un elemento fundamental para alcanzar la excelencia. A continuación algún nombre de lugares para comer y beber en Roma en los que el buen hacer se les presupone.
Distinción en cada grano
El Café Sant Eustachio esta siempre repleto de romanos que acuden como hordas en busca del mejor café expreso de la ciudad. Se dice que la calidad de un expreso tiene mucho que ver con el agua utilizada para su elaboración. Difícil corroborar cual es el elemento clave, pero el sabor del café es exquisito. Además, en este local tuestan ellos mismos los granos de café, así que esto también puede tener algo que ver.
Por su parte, el Da Checco er Carrettiere, es una de las ultimas trattorias clásicas de la ciudad de Roma. Además, el paseo hasta su puerta, por el antiguo barrio de artistas que es el Trastevere, ahora en proceso de aburguesamiento, lo dota de mayor interés. Hay que estar ágil para conseguir una de las concurridas mesas del patio exterior, pero si lo consigue, el sabor de sus antipasti hará que todo esfuerzo hecho merezca la pena.
Uno de los locales favoritos de Roma, y ya desde hace décadas, en el Da Fortunato al Panteón. Cocina romana, sencilla y bien elaborada, servida por camareros en traje y corbata para un público de clase media alta. Un público no demasiado apurado por sus quehaceres diarios, si juzgamos por las horas invertidas en la sobremesa.
Ambiente personal y postre
De todos modos hay quien sale a buscar ambientes más personales. Para esa especie de viajeros esta pensado el restaurante Der Pallaro, situado en el barrio de Campo dei Fiori. Su característica más llamativa es que, a pesar de ser un restaurante, no cuenta con menú. El plato que llega a la mesa de los comensales será cualquiera de aquellos que la señora Paola, la cocinera haya ideado para ese día. Sabrosa sorpresa, sin duda.
Y de postre, un helado. Un helado de Giolitti, la heladería más antigua de Roma. No es bueno acudir con prisa, porque la cola suele ser uno más de los elementos de este local. No en vano, cada uno de los casi sesenta sabores distintos de helado merecen la espera. Para los más atrevidos, la Copa Olímpico, un helado con todo lo mejor de Giolitti. Aviso, no es apto para todo tipo de estómagos.
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