Miguel Ángel, su genio y su obra, están presentes con tanta fuerza en Roma que actúan como un poderoso imán que atrae a toda clase de personas hasta sus obras. Obras que cortan la respiración y te hacen sentir muy pequeño, obras como el mito hecho pintura del techo y las paredes de la Capilla Sixtina.
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Los frescos que cubren el techo y las paredes de la Capilla Sixtina están ente los mayores logros que el ser humano ha sido capaz de realizar. Nunca hubo dudas sobre la genialidad de Miguel Ángel, pero la mayor revelación surgió tras la restauración, que duró 14 años y fue de las más polémicas y controvertidas de todos lo tiempos, conocer la asombrosa utilización de colores suaves y brillantes, que no se habían contemplado durante siglos.
Un manto de polvo, suciedad, incienso e innumerables cirios habían apagado el brillo de la obra de este genio, convertido en mito por su arte. Aunque comenzó con un equipo de ayudantes y aprendices, Miguel Ángel los despidió a todos y trabajó solo durante cuatro años, antes de presentar su obra ante el papa y el público en el 1512.
Un papa de rodillas
Después de que el equipo internacional de restauración completara el trabajo de restauración de esa autentica maravilla, que representa escenas bíblicas de la creación en el centro del techo, estos desviaron su atención hacia el muro detrás del altar mayor y hacia el igualmente impactante Juicio Final de Miguel Ángel.
La finalización de la obra, en 1541 llevo al papa Pío III a arrodillarse. No es de extrañar porque, al situarnos frente a esta monumental obra de arte, esa misma sensación asalta a todos los espectadores.
El Rey Midas de las artes
Aunque Miguel Ángel está habitualmente asociado a Florencia, su ciudad natal y donde el artista dejó su huella con el David y con las capillas de los Medicis, su presencia en Roma se siente con igual o mayor intensidad. La Capilla Sixtina ocupa, merecidamente, el primer lugar en la lista de imprescindibles de cualquier turista o visitante de la ciudad, pero su Pieta en la Basílica de San Pedro confirma, en cada milímetro, que estamos ante la obra de uno de los más grandes también dentro de la escultura.
Sus talentos no terminaban ahí y destacó también como arquitecto y urbanista. Pruebas de ello tenemos en la elegante Piazza del Campidoglio, otra obra suya. Es esta una de las plazas más bellas e imitadas del mundo, recreada, por ejemplo, en el Lincoln Center de Nueva Cork. Por suerte para todos nosotros, la plaza guarda, esencialmente, el mismo aspecto que Miguel Ángel ideó. Una forma de viajar por la historia, disfrutando al mismo tiempo del inconmensurable talento multidisciplinar de Miguel Ángel.
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