La Isla Tiberina, conforma, por su historia y emplazamiento, unos de los puntos de mayor interés de la mítica roma. Si, lo de estar quemando combustible con el coche de un lado para otro no nos interesa, un paseo por esta coqueta isla puede ser el ingrediente adecuado para un sabroso menú de viajero.
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Cuenta la leyenda que la isla del Tíber se habría formado al arrojar el pueblo la cosecha de trigo del Campo de Marte, en aquellos tiempos propiedad de los reyes etruscos, al río, tras la expulsión de Roma del rey Tarquino el Soberbio en el siglo VI antes de Cristo.
Otra leyenda, sin embargo, nos habla de otras posibilidades. La forma de la isla estaría relacionada con la del barco de Esculapio, el dios de la medicina, que los romanos habían ido a buscar a Epidauro, en Grecia, para poner fina a una epidemia de peste. A bordo de su trirreme trajeron una serpiente sagrada, símbolo del dios, que nado hasta la isla. Fue entonces cuando se construyó el templo dedicado a Esculapio en el 293 antes de Cristo, alzándose sobre sus ruinas hoy la iglesia de San Bartolomeo.
Presentación de la isla Tiberina
La isla Tiberina es un lugar poco poblado. No estuvo realmente habitada hasta la Edad Media, cuando se instalaron en ella los Pierleoni y luego los Caetano. A la entrada del puente Fabricius se puede ver la torre que formaba parte de sus fortificaciones. En el siglo XVII, se concentró en la isla a los apestados, para evitar que el contagio llegara a la ciudad eterna.
La isla ha permanecido relacionada con la medicina porque está ocupada casi en su totalidad por el hospital Fatebenefratelli. Del interior de este edificio no hay que dejar pasar la decoración barroca del interior de la pequeña iglesia barroca de San Giovanni Calibitia.
Los puentes sobre el río Tíber
Tan solo dos puentes cruzan el rio. El puente Fabricius, en el que una inscripción indica, el nombre de su constructor, Lucius Fabricius, hijo de Gaius, une la isla a la orilla de Campo de Marte. Los dos Hermes de cuatro cabezas que campean a la entrada del Ponte do camiño, le han valido el sobre nombre popular de Ponte dei Quattro Capi, o de las cuatro cabezas.
El segundo puente de la isla Tíber, nos encontramos, en Cestius, construido en dirección al Trastevere en el siglo I antes de Cristo. De la antigua iglesia de San Bartolomeo, sólo queda el campanario romano. Situado junto al presbiterio hay un pozo con hermosas esculturas medievales. La iglesia fue rehecha por completo en el año 1624 por Martino Longhi el Joven. Además, el edificio conserva las columnas del templo pagano.
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